Nueva CHARLA CON
MARK DE CLIVE-LOWE
Mayo 2025 @ Masako Jazz & Coffee
En contexto
Meses después de aquella visita a Japón y el primer encuentro con Mark, no fue el azar, sino una ciega y voluntariosa forma de continuar conectado con la órbita musical de Tokio la que me hizo volver mucho más pronto de lo que hubiera esperado. Contacté con él de nuevo y amablemente accedió a reunirnos, en esta ocasión y para mi goce, propuso fuera en un Jazz Kissa en el barrio donde vive, Shimokitazawa que convoca diariamente a una bohemia ralentizada de la ciudad.
Cinco en punto, o quizás un par de minutos después de la hora, arribé a la estación de metro donde habíamos fijado nuestro encuentro. Apenas lo divisé, su cálido saludo de familiaridad en ese entorno me hizo sentir que estaba en el camino correcto, y vaya que así era. Comenzamos la caminata a nuestro destino, el cual aún desconocía, y en el transcurso de ella, Mark me compartió efusivamente la historia del café que visitaríamos. Así como varios Jazz Kissa que son una simbiosis indivisible entre propietario y espacio, el paso del tiempo ha ido cobrando su cuota y en ese transcurrir varios dueños han fallecido. En el caso del café al que nos dirigíamos, tras la muerte del propietario original, la colección de vinilos, mobiliario y hasta artículos de cocina terminaron resguardados en una bodega en una suerte de deseo latente de que un futuro lograra reinstalarse. Gracias a una antigua y asidua clienta que rescató esa voluntad, tras años logró instalar Masako Jazz Café en una nueva ubicación y creó así un portal donde conviven dulcemente pasado y presente.
Al llegar, la poca gente que había en el espacio nos ofreció la oportunidad para que Mark y yo pudiéramos conversar en un tono un poco superior al murmullo, pero con el respectivo respeto donde los que asisten entregan su devoción a la escucha atenta. Mi primera inquietud era sin duda conocer como había sido la recepción de su álbum más reciente, Past-Present (Tone Poems Across Time) y sobre el cual había versado una buena parte de la plática previa. Más que su expresión e ineludible sonrisa, sentí que a través de sus palabras y nociones existía una validación en la que este, su trabajo más personal e íntimo necesitaba ver la luz, y la respuesta que tuvo ante ello fue sin duda cálida y sensible elogiando los atributos de un proyecto muy especial.
Conversamos sobre como la voz interna, aquella que se forja en un nido completamente único e indivisible, encuentra en nuestras sociedades y en las expectativas de ella una doble arma: un aspecto fetiche de individualidad que genera algunas expectativas falsas y a su vez, trivializa lo que le pertenece a cada uno al identificarlo como pasajero o desechable. Sin duda el crear un álbum como Past-Present, donde incluso por primera vez existe un inserto con textos propios del artista, implicó caminar sobre una cuerda floja donde se desconoce el resultado y se devela su vulnerabilidad más humana. Al evolucionar la charla, percibí a un artista que toma riesgos en aras de la confianza en su instinto y en el aliento de algunos de sus colegas, como es el caso de Carlos Niño, quien sin duda aplaudió la idea de que pudiese editar un trabajo de corte minimalista, íntimo y que se alejaba de sus trabajos y álbumes previos. Mientras esto sucedía, el fondo aural de nuestra conversación era dulce selección de jazz en especial con clásicos de los 70’s en un vaivén entre Oscar Peterson, Sadao Watanabe y Eberhard Weber entre otros.
En ese amable tránsito vespertino y con un par de cervezas en mano, surgió casi de forma confesional otro aspecto muy personal: la forma en la que el músico había estado construyendo su trayectoria, como en el caso de muchos artistas, de forma inconsciente emulaba los lenguajes y la presencia de los grandes artistas que admiraba y respetaba. Persiguiendo sus huellas en el territorio, visualizando sus certezas e inspiraciones en una dinámica en la que en nuestras sociedades nos orillan a soñar y aspirar a ser alguien más y mimetizarnos con nuestros ídolos.
En ese trayecto de búsqueda, hace unos años apareció un encuentro que cambiaría ese sentir para Mark y abriría una ventana de creación muy distinta. Al saber que tendría una colaboración con un artista que plenamente admiraba, reverberó la intimidación al saber que estaría compartiendo escenario con un músico del cual era un fanático. Sin embargo, una vez estando en la sesión programada, se enfocó en canalizar ese peculiar nerviosismo en solamente ejecutar y volcarse a los teclados de la forma que siempre lo hace. La disipación de energía fue transformándose en un auténtico goce y donde la comunicación fue natural, el intercambio musical sucedió sin categorías o estirpes, simplemente fluyó y eso sin duda transformó su experiencia. A partir de ahí surgió una profunda confianza donde lo esencial es la tabula rasa que la música en su profundidad ofrece, más allá de las credenciales y currículos de los músicos con los que colaboraba. Integró en lo profundo de su experiencia, que así como los músicos reverenciados eran capaces de contar sus propias historias, sólo él era capaz de narrar su propia historia personal con sus herramientas y capacidades y en ello residía la valía de su arte.
En el ocaso de nuestro intercambio de palabras e ideas y puntualizando el deseo de que en un futuro pudiera volver a repetirse una reunión, surgió un episodio de mágica espontaneidad. Mi atención fue de pronto desviada al notar que Masako, la propietaria del Jazz Kissa, había puesto en la tornamesa el lado B de Staircase, un álbum de Keith Jarrett que siempre arrebata mi atención. En ese momento hice contacto visual con Mark quien sólo asintió y comentó lo grandioso de esa pieza: “Sundial”. A punto de levantarnos de la mesa, apareció en el ominoso sonido del café “Bushido Parte II”, una pieza del disco Heritage II de Mark que lo tomó por sorpresa al igual que a mí. Sobraron las palabras, nuestras miradas se entrecruzaron y un gesto de complicidad-sorpresa se disipó en el ambiente para saber que nuestra percepción de ello le confirió algo especial a ese suceso; estando en el camino correcto.


